Torres del Paine es un destino soñado para muchos, un “must” en la lista de cualquier mochilero que le guste la naturaleza. Pero cuando vienes de afuera y no tienes mucha experiencia en acampar ni el equipamiento adecuado el viaje al lugar de tus sueños puede amargarse más de lo que crees. Aquí comparto mi experiencia para quellos que tienen muchas ganas pero poca idea y tiempo.

Torres del Paine en un día para principiantes

Desde que planee mi viaje por Sudamérica en solitario, Torres del Paine había estado siempre en mi lista, aún sabiendo que me aumentaría el costo de viaje considerablemente no podía dejarlo afuera. Yo tenía clara la imagen de postal del macizo montañoso en mi cabeza, pero no tenía ni la menor idea de cómo lo iba a hacer allí, no llevaba carpa, mi saco de dormir era una porquería y tenía poco tiempo. Habia buscado información el internet pero sin grandes logros, tenía claro que había 2 circuitos ( la W y la O) y poco más.

Viajé desde Ushuaia en un autobús  durante 17 horas, incluyendo el cruce del Estrecho de Magallanes en Ferry (experiencia que recomiendo a todo el mundo) LLegué a Puerto Natales pasada la media noche, no había taxis ni ninguna persona a la que poder preguntar, lo único que tenía es un mapa muy escueto que me robé de la revista del autobus. Comencé a caminar con un estadounidense y un israelí que van en busca de su hostel también, ellos están super preparados, llevan todo su equipamiento y tienen super claro que harán y eso me hace sentir aún más confusa. Me pierdo unas 2 o 3 veces antes de llegar a mi hostel, es más de la 1:00 de la madrugada y sólo quiero dormir.

A la mañana siguiente me levanto a desayunar, pregunto a otros viajeros por el Parque, que se puede hacer allí, cómo llegar… Pero sigo sin aclararme mucho porque para esos “superacampadores” no pernoctar en el Parque no es una opción. Me recomiendan que busque a alguien para compartir tienda y hacer el circuito de la W. Curiosamente es muy común hacer esto, la gente que viaja sola deja notas y anuncios en los hostel donde se quedan para buscar compañeros de viaje, se ofrecen a compartir su tienda. Para mi no era una opción porque ni siquiera tenía un buen saco y los días no me alcanzaban.

Con la esperanza de encontrar más información y cotizar los pasajes me fui a la estación de autobuses, me aferré a la primera ventanilla que vi y pregunté si era posible hacer algo en el Parque por uno o dos días y por fín me dicen lo que quiero escuchar: Es posible realizar el Trekking a la Base de las Torres en un día, son unos 20 km (8 horas caminando ida y vuelta) Todo esto puede parecer muy obvio para algunos pero cuando estás en tu primer viaje sola a más de 15.000 km de tu casa créanme que todo se magnifica y las emociones están al mil por cien.

Compré un pasaje de bus al Parque por $10.000 CLP , la entrada al Parque para extranjeros cuesta $18.000 CLP y el transfer hasta el comienzo del camino $5.600 CLP ida y vuelta, oficialmente estoy en banca rota pero feliz. Cuando vuelvo al hostel conozco a 2 chicos argentinos, jugamos cartas, tocamos guitarra y cantamos y todo mi mundo se arregla en torno a esa mesa.

A la mañana siguiente me levanto muy temprano, estoy muy nerviosa, desayuno y me preparo comida para el camino y parto con los japoneses de mi habitación hacia el terminal de bus (si, en este viaje he hablado mucho más inglés que español) El bus tarda unas 2 horas en llegar, incluyendo la parada de 15 minutos que el chófer hacer para desayunar dejándonos a todos arriba.

Camino a las Torres

Cuando llegamos empiezo a caminar con emoción y nervios, son las 10:30 y para las 19:00 tengo que estar de vuelta o perderé el tranfer. Soy consciente de que voy con el tiempo justo, llevo una mochila de unos 3 kilos y medio entre ropa y comida. Apenas empiezo a caminar me sobra todo, quedándome en manga corta; me haían dicho que el primer tramoe ra duro pero no lo imaginaba asi: son unos 3,5 km de cuesta arriba empedrada y polvorienta que no se acaba nunca, y eso que yo voy liviana, no quiero ni pensar como sería con 20 kg a la espalda.

Tardo 1 hora y media en llegar al refugio Chileno, aquí se puede acampar o quedarte en el refugio, aunque todo es carísimo. El siguiente tramo va hasta el Campamento Las Torres, son 3 km sencillos por lo que apuro el paso todo lo que puedo para ganar tiempo. De aquí en adelante se viene lo difícil, el sendero hasta el mirador de las Torres es un verdadero camino de cabras, muy empinado y lleno de rocas de granito, es realmente duro, tanto que me quedo sin energía y tengo que parar y comer algo para reponer fuerzas, desde ahí no paro hasta la cima.

 

El palo que me encontré al inicio del camino realmente me sirve de ayuda, los tobillos me duelen porque no llevo botas de caña alta, el sol me da en la cara y el camino es cada vez menos camino, pero cuando ves asomar la punta de Las Torres todo lo malo se va. Las busco con la mirada cada 5 pasos y por fín aparecen: Yo no tengo palabras que describan lo que se siente al ver ese paisaje, el camino justifica su dureza, los colores increíbles me hacen sonreír desde adentro, es mágico y emocionante.

El día está muy claro y se ven perfectamente, es como estar en un sueño. Cierro los ojos y no puede dejar de ver el paisaje en mi mente, los abro a cada rato para comprobar que realmente estoy ahí, me duelen las piernas y los pies, tengo una uña del pie ennegrecida, pero soy inmensamente feliz.

Me tomo un ibuprofeno para que las piernas me aguanten y comienzo a bajar, mientras desciendo no puedo dejar de arrepentirme de no quedarme a dormir, de no pasar más tiempo allí para recorrer todo el Parque, de no haberme organizado mejor con el tiempo y con la información, es algo que dejo totalmente pendiente. Voy tan satisfecha y liviana de espíritu que la bajada se me hace corta, ya esperando el transfer noto que de verdad me duelen las piernas, no creo que haya mucha gente que haga esta locura de recorrido en un día.

En el bus de vuelta mi percepción del lugar  cambia drasticamente, por eso me gusta viajar, te pones a prueba constantemente , tanto física como psicológicamente. Esa noche dormí como un bebé, toda la tensión se fue y por fín me siento cómoda en Casa Lili, pero es hora de irse, justo cuando te acomodas hay que partir.

Está fue la experiencia de una chica con muchas ganas de recorrer pero poca experiencia e información. Me maravillé con cada centímetro del recorrido, y de mi misma también, y me sirvió para el  resto de mis días.

 

 

 

 

 

Comments

comments